Todos los presentes aquí sabeis que he sido la autora, realmente… no veo la necesidad de seguir con esto. Ya da igual. Silvia está muerta y esos malnacidos han pagado por ello. Sé que debeis aplicarme un castigo por ello, el cual aceptaré como consecuencia de lo que hice aún por mucho que se él defienda que esa no era yo, que me había vuelto loca, realmente era consciente de lo que estaba haciendo. Pagar con la misma moneda.
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Y así nos encontrábamos. Yo atada a una silla, amordazada y llena de rabia. Silvia atada, amordazada y petrificada. El tío más grande en el centro del salón mirando de la forma más asquerosa posible a Silvia y el otro en el quicio de la puerta con el teléfono en la mano contemplando todo y pensando la respuesta para el bestia del otro.
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Y me quedé quieta mirando a los ojos a Silvia y de reojo a quien la apuntaba, me ordenó dejar el cuchillo en el suelo y así lo hice, en cuanto me incorporé sentí un puñetazo en la cara y debí perder el conocimiento puesto que lo siguiente que recuerdo es encontrarme atada y amordazada en el salón con Silvia y los dos tíos hablando entre ellos frente a nosotras, mirándonos de reojo de vez en cuando.
Este relato puede herir sensibilidades, continúa leyendo bajo tu propia responsabilidad.
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