Había cabalgado demasiadas millas como para contarlas, había vivido demasiado tiempo como para darme cuenta de las arrugas que ahora marcaban mi piel con los surcos de las experiencias, había tenido una vida demasiado irregular como para volver a tener una mirada de asombro. Nada podía alentar mi curiosidad, nada podía provocarme interés, lo había vivido todo… y ahora, volvía a casa, al hogar.
