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	<title>La Libreta de Kinyla &#187; La habitación</title>
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		<title>La habitación II (final)</title>
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		<pubDate>Thu, 25 Mar 2010 06:00:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Kinyla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Erotismo]]></category>
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		<description><![CDATA[El gesto pareció tranquilizarla lo suficiente para dirigirse a su anfitrión, aceptar la copa y susurrar “Érato” provocando una sonrisa a su interlocutor.  Esa noche, la Luna ofrecía un enigmático reflejo en las copas. Las miradas se cruzaron mientras chocaban suavemente las copas. Mezcla de nervios, miedo, culpabilidad, temor&#8230; y deseo. Ella sorbió el champange [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">El gesto pareció tranquilizarla lo suficiente para dirigirse a su anfitrión, aceptar la copa y susurrar “Érato” provocando una sonrisa a su interlocutor.  Esa noche, la Luna ofrecía un enigmático reflejo en las copas.</p>
<p style="text-align: justify;">Las miradas se cruzaron mientras chocaban suavemente las copas. Mezcla de nervios, miedo, culpabilidad, temor&#8230; y deseo. Ella sorbió el champange lentamente apartándo la vista con cierto desaire. El apuró la mitad de la copa sin dejar de mirarla, la posó en la mesita de cristal y se acercó a ella, decidido.</p>
<p style="text-align: justify;">Le quitó suavemente la copa posándola al lado de la otra. La miró, la observó, tranquilamente ahora. El vestido azul la hacía parecer una musa, era realmente preciosa. Érato se acercó mirándole fijamente a su vez, se estaba volviendo a poner nervioso, sudaba, finalmente ella sonrió y con tono alegre le propuso que se diera una ducha para relajarse, a lo que él accedió sin darse cuenta que se trataba de una broma. <span id="more-820"></span>Se fue al baño de la suite, era amplio, con una ducha cerrada y un jacuzzi. Se miró en el espejo, ya no se parecía al chico dedicido de antes. Se desnudaba mientras hacía correr el agua de la ducha para que calentara. Colgó la ropa en el toallero y se metió dentro. Ella lo siguió con la mirada hasta el baño pensando en las posibles consecuencias de encontrarse en ese momento en esa habitación. Volvió a coger la copa para beber un pequeño sorbo mirando por la ventana. Se pasó el pulgar por la base del anular, un gesto inconsciente que la tranquilizaba al acariciar el anillo que no tenía en ese momento. Consecuencias. Ahora no era momento para preocuparse por ello, se encontraba a salvo por esta noche, no debía preocuparse, lo no hecho hecho está desde que cruzó la puerta. Se sirvió otra copa y se sentó intentando parecer despreocupada en uno de los sofás a que apareciera su cómplice.</p>
<p style="text-align: justify;">En unos minutos casi eternos él volvió del baño envuelto en un suave albornoz de algodón con las iniciales rojas escarlata del hotel bordadas en la solapa. Se habían relajado bastante pero la situación seguía siendo tensa para ambos. Ella le volvió a seguir con la mirada hasta que se sentó en otro de los sofás manteniendo cierta distancia con ella y mirándola con deseo y timidez. Érato se levantó suave, se dirigió a él mientras la miraba sentarse a su lado y le besó antes de decirse nada. Un beso lento, dulce, un beso para ser disfrutado sin prisas. Un beso para sellar palabras que no deben ser dichas. Poco a poco se<br />
acercaron el uno al otro, los labios se entreabrieron y las dulces e inocentes caricias en la cara fueron recorriendo más camino. La pasión fue creciento al tiempo que los sentimientos que les bloqueaban desaparecían.</p>
<p style="text-align: justify;">En un momento dado Érato se separó clavándole esa mirada felina ahora iluminada. Se levantó y caminó hacia las llaves de la luces provocadora, sabiendo que la miraba, que la deseaba. Apagó las luces. La habitación ahora estaba casi a oscuras, iluminada por las luces de la ciudad y el leve resplandor de la luna. Érato volvió con él y le llevó a la ventana. Se acercó y le susurró al oído &#8220;Esta noche seremos el uno del otro, pero olvidaremos todo al amanecer. Pero ahora estoy aquí, delante tuya&#8230;&#8221;, se alejó un poco para mirarle a los ojos y terminó con una sonrisa pícara al tiempo que le acariciaba desde el pecho a la espalda para quitarle el albornoz &#8220;si quieres seguir adelante tendrás que desnudarme pero cuida de no rozarme en el proceso&#8230;&#8221;. No lo pensó dos veces y la giró para ponerla de espaldas. Puso una mano en la cremallera del lateral del vestido y la otra rodeándola en la parte superior para poder bajarla facilmente, aprovechando para acariciarla y abrazarla por encima del vestido. Ese sencillo juego le estaba excitando y ella sonrió al comprobarlo. La luna ofrecía un brillo de suavidad a su piel que le costaba reprimir. Bajó completamente la cremallera y fue desnudándola poco a poco intentando no tocarla. El vestido se deslizó por su cuerpo hasta el suelo. Érato era un nombre que le venía a la perfección pensó. Se alejó un poco para contemplarla mientras ella giraba sobre sí misma para volverse cara a él. Aquel conjunto azul oscuro y negro no hacía sino resaltar las curvas ya de por sí deseosas de esa dama.</p>
<p style="text-align: justify;">Volvieron a acercarse en una fracción de segundo, acariciándose suavemente y besándose con pasión. Juntando ambos cuerpos, notar la calidez del contacto de las pieles desnudas. Lentamente él la fue llevando entre besos y caricias a la habitación. La cogió en brazos y la posó en la cama con delicadeza y lujuria. Se situó a su lado y sacó una rosa del cajón de la mesilla de noche. Ambos sonrieron mientras él se ponía la rosa en la boca y se tumbaba a su lado. El último juego de la noche daba comienzo. La acarició con los suaves pétalos por la mejilla, besando justo después la zona rozada. Bajando al contorno de la cara y subiendo a las orejas. Suavemente, sin tocarla más allá de la rosa y los labios, sin dejar que ella le tocara tampoco. Notando como aceleraba su respiración. Bajando de nuevo por el cuello, un pequeño pellizco con los dientes. La clavícula. Ese pequeño lunar que tiene justo debajo de la misma. Pasó la rosa por el medio de sus pechos mientras la miraba como se impacientaba pero no la besó, se dirigió a los labios y con un profundo beso lleno de deseo se abrazaron mientras él le quitaba el sujetador. Un pequeño escalofrío de pudor recorió la espalda de Érato. Haciendo caso omiso, él continuó con su juego, recorriendo el contorno de su pecho suavemente con la rosa y sus besos. Cada vez estaba más excitaba, le gustaba el juego pero la impacientaba, sin embargo no se atrevía a decir nada y eso la excitaba todavía más. El siguió bajando con la rosa por su vientre, por los laterales, besando, rozando, pellizcando, hasta llegar a los huesos de la cadera.</p>
<p style="text-align: justify;">Recorrió con los pétalos las costuras y bordados del delicado picardías. La miró de reojo y sonrió al ver la desesparción en esa mirada felina que parecía tan segura de sí misma anteriormente. Ella sabía lo que seguía después de la rosa, pero no fue así. Él se colocó la rosa en la boca, con suavidad y acariciándola al mismo tiempo le quitó el translúcido cullote dejándola totalmente desnuda. Volvió a acariciarla con la rosa desde los pies, acariciando y besándole las piernas. Subiendo lentamente. Cuando la excitación de Érato no pudo más, se incorporó de golpe, susurró un &#8220;te deseo&#8221; y tiró la rosa al suelo al tiempo que con rapidez y delicadeza intercambió la posición quedando ella encima, dando razón y confirmando el por qué de su mirada felina. Durante toda la noche no quedó rincón en el cuerpo de ambos que no fuera acariciado, besado, lamido o arañado. Ninguna palabra más fue dicha, ningún juego más planeado. Tan sólo fantasías cumplidas y culpabilidades desvanecidas por una sóla noche.</p>
<p style="text-align: justify;">A la mañana siguiente Érato se despertó sóla. En la almohada de su cómplice una rosa y un sobre con su nombre escrito. Se incorporó lentamente. Se vistió resignada. Recogió sus cosas. Y por último antes de abandonar la habitación cogió la rosa y el sobre. Se fue al ascensor, pidió al botones que le trajera el coche y miró el sobre. Sabía lo que había dentro. Lo abrió y aparte de lo esperado encontró una nota.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Sé que fue una noche y se olvidará cuando despiertes, pero espero que sea suficiente para que seas  mi musa&#8221;</p>
<p style="text-align: justify;">La hizo sonreir. Volvió a colocarse el anillo en el anular mirándolo con dulzura y subió al coche. Le esperaba un largo viaje.</p>
<p style="text-align: justify;">Esa noche en otra ciudad a cientos de kilómetros un hombre sobrio cenaba con su mujer, y una esposa fiel con su marido en un caro restaurante.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Cariño, ¿y tu anillo?&#8221;</p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Oh, vaya. Me lo debí dejar en el lavado del avión. Mañana iré a la joyería<br />
y encargaré un par. De todas formas la semana que viene haremos 10 años&#8221;</p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;10 años ya&#8230;&#8221; suspiró ella mirando su desgastado anillo.</p>
<p style="text-align: justify;">El hombre se dispuso a pedir la cuenta pero ella le paró.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Tranquilo amor, ya vas a pagar los anillos, déjame invitarme a la cena&#8221;</p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;¿Invitarme? ¿y de dónde has sacado el dinero?&#8221; le preguntó con cierta<br />
sonrisa.</p>
<p style="text-align: justify;">Con mirada cómplice respondió: &#8220;anoche un amigo me devolvió un dinero que le<br />
había prestado&#8221;</p>
<p><a class="a2a_dd addtoany_share_save" href="http://www.addtoany.com/share_save?linkurl=http%3A%2F%2Fwww.kinyla.es%2F2010%2F03%2F25%2Fla-habitacion-ii%2F&amp;linkname=La%20habitaci%C3%B3n%20II%20%28final%29"><img src="http://www.kinyla.es/wp-content/plugins/add-to-any/share_save_171_16.png" width="171" height="16" alt="Share/Bookmark"/></a> </p>]]></content:encoded>
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		<title>La habitación I</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Dec 2009 20:26:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Kinyla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Erotismo]]></category>
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		<description><![CDATA[La luz era ténue, la temperatura agradable, la decoración, una elegante mezcla entre lo minimalista y lo clásico, era una habitación amplia, como había pedido. Se adentró en ella, dejando la maleta en el taburete de la entrada, y paseó por la estancia, esquematizando donde pondría todo lo que necesitaba para pasar esa semana, otra [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">La luz era ténue, la temperatura agradable, la decoración, una elegante mezcla entre lo minimalista y lo clásico, era una habitación amplia, como había pedido. Se adentró en ella, dejando la maleta en el taburete de la entrada, y paseó por la estancia, esquematizando donde pondría todo lo que necesitaba para pasar esa semana, otra vez más, su secretaria había sabido elegir el sitio, una suite con una sala lo suficientemente amplia para las reuniones que tendría, espacio para la mercancía, conexión a internet por wifi, una mesa redonda en el centro, cómoda para trabajar&#8230; perfecta.<span id="more-817"></span>Dejó la chaqueta del traje en el colgador de la entrada y, aflojando la corbata, se dirigió a la cesta que estaba en el aparador del minibar, al lado una copa, una cubitera, y una botella de whisky con una nota, &#8220;Esperábamos su visita, deseamos que todo se encuentre de su agrado. No dude en llamarnos para cualquier duda&#8221;. Sonrió dulcemente con el detalle, desde luego su secretaria lo conocía bien. Se sirvió la copa al tiempo que llamaba a la recepción para agradecer el detalle, felicitar el servicio y reservar cena en el restaurante para esa noche. Se sentó comodamente en el sofá, relajándose del viaje y disfrutando del último momento de reláx que tendría esa semana.</p>
<p style="text-align: justify;">Despertarse a las 07:00. Ducharse. Bajar a desayunar a las 07:30. Aprovechar para leer el periódico, con calma, mientras le limpian la habitación. Subir a las 08:30. Terminar de arreglarse. Organizar todo para las reuniones consecutivas que se realizan a partir de las 10:00. Discutir con clientes y proveedores. Un cigarro. Una copa. Bajar al restaurante sobre las 14:30 durante una hora&#8230;  al no ser que tenga que invitar a comer a alguna reunión fracasada que haya que recapitular y aclarar, en ese caso la comida puede alargarse tranquilamente hasta las 17:00. Despedida forzada.  Vuelta a la habitación. Un sillón. Una mala película. Descansar un poco. Ir a cenar por la ciudad para despejarse. Cada vez le agota más este trabajo. Vuelta a la habitación. Repaso de las reuniones del día siguiente. Apagar la luz. Insomnio. Despertarse a las 07:00&#8230; Un largo día de agotadora rutina detrás de otro.</p>
<p style="text-align: justify;">Viernes. Último día. Cansancio acumulado y maldecires en cuanto suena el despertador. Comienza la rutina. Hoy, dos reuniones pendientes por la tarde habían fastidiado sus planes de dar una vuelta por los alrededores de la ciudad antes de la cena. Subió a la habitación, se cambió de ropa y se fue a cenar a un restaurante que le habían recomendado la noche anterior. Allí apareció ella, cuando estaba a punto de pagar la cuenta. Estaba de espaldas sentada en la barra hablando distendidamente con los que parecían sus amigos. La miró, la observó, esperando que se girara, pero fue interrumpido por el camarero y la cuenta. Con una propina más que suficiente le dijo que la invitara a una copa, el camarero sonriendo pícaramente le dijo que le costaría más de una copa conocerla. Entendiendo el mensaje, sacó un boli, escribió en una servilleta y le dió la improvisada nota al joven para que se la entregara a aquella dama. Acto seguido se levantó de la mesa y aguantando las ganas de verla, pasó a su lado saliendo del local sin voltearse a mirarla mientras guardaba la alianza en el bolsillo interior de la chaqueta con la culpabilidad de la premeditación.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Ahora en la habitación, se encontraba nervioso, inquieto, no paraba de moverse de un lado a otro por la sala de la suite. Se había dado una ducha intentando relajarse pero la hora se acercaba y cada vez estaba más ansioso. Volvió a mirarse en el espejo, se veía bien. Era alto, no muy atlético pero fuerte, los  ojos ovalados, marrones brillantes, el pelo suelto y la barba de un par de días junto con el traje le daba ese toque de chico malo elegante que las mujeres siempre le habían alabado. Se veía atractivo, no tenía de qué preocuparse se repetía continuamente, pero eso no le relajaba en absoluto. Decidió tomar un trago, fue justo en el momento en que comenzó a servirse cuando llamaron a la puerta sobresaltándole. Ahora sí que estaba realmente nervioso y temeroso al mismo tiempo. Sabía quien llamaba, aceleró el trago y respiró profundamente, se dirigió a la puerta sin paso firme. Necesitó que ella volviera a llamar para volver en sí y abrir la puerta. Era un poco más baja que él, con el pelo suelto en ligeras ondas, nunca había visto un negro tan luminoso y brillante, sin embargo fue el contraste que producía con sus ojos lo que le dejó paralizado. Eran grandes, rasgados, casi orientales, con un color miel exponenciante de ese toque felino que poseía su mirada. Al verla, tan sólo acertó a musitar un &#8220;hola&#8221;, tan tembloroso como se sentía él, mientras la invitaba a pasar con un ademán inseguro, mezcla de emoción y culpabilidad. Ella dudó unos segundos. Inspirando para obtener la fuerza y decisión que le faltaban, aceptó la invitación sin decir nada. Ambos quedaron quietos unos instantes, ella en la ventana fingiendo contemplar la vista y él en la puerta cerrada con la mano y la vista fijados en el pomo. El ambiente se volvió tenso. Se volteó para mirarla, el corazón le latía con fuerza, fue a preparar un par de copas de champange y se acercó a ella ofreciéndole una mientras le preguntaba el nombre. El gesto pareció tranquilizarla lo suficiente para dirigirse a su anfitrión, aceptar la copa y susurrar &#8220;Érato&#8221; provocando una sonrisa a su interlocutor.  Esa noche, la Luna ofrecía un enigmático reflejo en las copas&#8230;</p>
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