El gesto pareció tranquilizarla lo suficiente para dirigirse a su anfitrión, aceptar la copa y susurrar “Érato” provocando una sonrisa a su interlocutor. Esa noche, la Luna ofrecía un enigmático reflejo en las copas.
Las miradas se cruzaron mientras chocaban suavemente las copas. Mezcla de nervios, miedo, culpabilidad, temor… y deseo. Ella sorbió el champange lentamente apartándo la vista con cierto desaire. El apuró la mitad de la copa sin dejar de mirarla, la posó en la mesita de cristal y se acercó a ella, decidido.
Le quitó suavemente la copa posándola al lado de la otra. La miró, la observó, tranquilamente ahora. El vestido azul la hacía parecer una musa, era realmente preciosa. Érato se acercó mirándole fijamente a su vez, se estaba volviendo a poner nervioso, sudaba, finalmente ella sonrió y con tono alegre le propuso que se diera una ducha para relajarse, a lo que él accedió sin darse cuenta que se trataba de una broma. Read the rest of this entry »
