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	<title>La Libreta de Kinyla &#187; Relatos</title>
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		<title>Agobio, libertad, paz.</title>
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		<pubDate>Sun, 13 Jun 2010 00:02:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Kinyla</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Todo dando vueltas, todo desestabilizado, todo descontrolado. Sin horarios marcados, sin puntos de referencia estáticos, sin calma, sin sosiego. Lleno, rebosante y vacío. El pecho contraido, la respiración dificultosa, el latir lento, el corazón quieto. Agobio. La mesa llena de papeles pendientes recordando que el día no tiene suficientes horas. La foto en el escritorio [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Todo dando vueltas, todo desestabilizado, todo descontrolado. Sin horarios marcados, sin puntos de referencia estáticos, sin calma, sin sosiego. Lleno, rebosante y vacío. El pecho contraido, la respiración dificultosa, el latir lento, el corazón quieto. Agobio.<span id="more-934"></span></p>
<p>La mesa llena de papeles pendientes recordando que el día no tiene suficientes horas. La foto en el escritorio escondida tras la pila expresando los insuficientes días que tiene la semana. Empujándose una y otra intentando hacerse con el dominio de la mesa, luchando por llamar la atención de quien ocupa la silla sin saber que su mente no escogerá a ninguna. Mueve la mano para separarlas. La pila de papeles a la derecha, la foto a la izquierda y el ordenador en el centro de la mesa. Leve tregua que la permite suspirar aliviada hasta la siguiente campanada de combate. Vuelve su mirada a la pantalla y sigue tecleando mecánicamente hasta dar con el punto final. Reorganiza un poco la mesa, guarda el móvil en el bolso, hiberna el ordenador, cierra los cajones con llave, apaga la luz del flexo y queda a oscuras. Otra noche gastada. Cansada se levanta de la silla y camina a través de los cubículos hasta el ascensor. Piensa en si saberse el edificio de memoria y la capacidad para moverse en plena oscuridad le compensa las horas extra no-pagadas. Sonríe. Al menos todavía no ha perdido su humor absurdo. Eso la relaja un poco.</p>
<p>Planta 38, se autoriza en la entrada y entra al despacho del jefe de proyecto. Siempre está ahí. Se sienta en la silla izquierda y espera a que su jefe acabe la llamada. ¿Con quién hablará a estas horas?. &#8220;¿Has acabado ya tu parte?&#8221; Sí señor. &#8220;Muy bien, mándamela al mail y puedes irte.&#8221; Ya se la he mandado señor. Tras una leve sonrisa la alaba. &#8220;Siempre tan eficiente, esta es mi chica. Que tengas buena noche señorita y no olvides lo de mañana&#8221; Gracias señor. No lo haré señor, que tenga buena noche usted también. Se levanta y camina hasta la salida del despacho esperando que la noche acabe ahí y pueda marcharse a casa. Tiene suerte.</p>
<p>Planta 0, cruza el amplio y frío hall despidiéndose del guardia de turno para dirigirse al coche. Deja todo con calma en el asiento trasero. Sube al volante, toca la pantalla de a bordo para hacer sonar la música. Pisa el freno y el embrague, arranca, saca el freno de mano, pone primera, pisa el acelerador y suelta el embrague. El coche sale disparado dejando una marca en el asfalto. Hoy hará el trayecto largo para llegar a casa, se siente frustrada y ligeramente deprimida. Esta noche con la luna llena iluminándo el camino compensará haberse comprado un deportivo. Las curvas y la velocidad le hacen olvidar su día a día. Todo se vuelve rayado, todo horizontal, todo controlado. Con relajación, con puntos de referencia en cada curva, con calma en las rectas, con sosiego en las carreteras despejadas. Complacida. El pecho se pega al cuero, la respiración se vuelve fluída y excitada, el latir extenuante, el corazón alterado. Libertad.</p>
<p>Carretera 56, la luna llena y el resplandor de los faros no son suficientes para luchar contra la oscuridad de la noche. En medio de la carretera ve cruzar una sombra blanca. Pisa el freno y el embrague, va muy rápido. Nota cómo salta el ABS y cada golpe de bloqueo le sacude el cuerpo, sigue yendo demasiado rápido. Intenta controlar la curva, el coche empieza a derrapar de la parte trasera. Contravolantea. El lateral trasero del coche tropieza con algo, pierde el control, iba demasiado rápido. Todo dando vueltas, todo desestabilizado, todo descontrolado. Salta el airbag. Pierde los puntos de referencia. Su cabeza golpea contra el cristal de la ventanilla. Todo se para. Las luces se apagan. El cuerpo dolorido. Intenta ubicarse dentro del coche. Tiene la cabeza en el airbag casi desinflado. La sangre recorriendo su rostro le resulta cálida. El pecho contraido, la respiración dificultosa. Abre a duras penas los ojos. El corazón le late lento. Por la ventanilla ve como la mira una cria de lobo blanca. Sonrie. Al menos la cría está bien. Todo se calma. Todo se vuelve sosegado. Nota una extraña paz. Siente su último latido. Sonrie. Al menos ahora ella estará bien. Paz.</p>
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		<title>Mi primera vez</title>
		<link>http://www.kinyla.es/2010/04/19/mi-primera-vez/</link>
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		<pubDate>Mon, 19 Apr 2010 10:44:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>SHANKI</dc:creator>
				<category><![CDATA[Colaboraciones]]></category>
		<category><![CDATA[Erotismo]]></category>
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		<description><![CDATA[Me desperté de un sueño muy profundo, me parecía haber estado durmiendo más de doce horas. Durante unos instantes no tenía ni idea de donde estaba ni que día o que hora era. Escuché “Buenos días”, y lo recordé todo. Un escalofrío recorrió mi cuerpo y me dejó paralizada. Estaba en posición fetal y tenía [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><!-- 		@page { margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } -->Me desperté de un sueño muy profundo, me parecía haber estado durmiendo más de doce horas. Durante unos instantes no tenía ni idea de donde estaba ni que día o que hora era. Escuché “Buenos días”, y lo recordé todo. Un escalofrío recorrió mi cuerpo y me dejó paralizada. Estaba en posición fetal y tenía una pared enfrente. &lt;&lt;¿Cómo he podido hacerlo?&gt;&gt;. Ella estaba detrás de mi, pero no me estaba tocando, ni siquiera me rozaba (menos mal que la cama era lo bastante grande).</p>
<p><span id="more-871"></span>“Buenos días”. Su voz era muy dulce, no la recordaba tan bonita. &lt;&lt;Lo he hecho, lo he hecho con ella&#8230;&gt;&gt;. Me daba los buenos días y seguramente pretendiese que me girase y yo le dijese algo, pero mi cuerpo estaba paralizado. No sabía que se hacía en esos casos, pero me hubiese gustado despertarme de madrugada, coger mi ropa e irme, como había visto hacer en muchas películas. &lt;&lt;Tampoco debo ser tan drástica, me levantaré, me vestiré y le diré que ha estado bien y que tengo que irme&gt;&gt;.</p>
<p>Tenía el cuerpo tenso e inmóvil, y antes de que pudiese reaccionar, su brazo tiró de mi e hizo que nuestros cuerpos se pegasen. “Hola guapa, se que estás despierta” Me quedé muda, quieta y fría, pensé que iba a desmayarme. &lt;&lt;Tengo que irme y dejarle claro que todo esto fue causa del alcohol&gt;&gt;</p>
<p>Entonces su mano comenzó a acariciarme. Subía y bajaba por mi brazo produciéndome un agradable cosquilleo que me erizaba la piel. Pasó su brazo por debajo del mio e hizo lo mismo en mi barriga. Subía, bajaba, bordeaba el ombligo,&#8230; llegó hasta la ingle y volvió a subir. Gemí. &lt;&lt;¿Qué estoy haciendo? ¡Tengo que irme!&gt;&gt; Me acarició los pechos suavemente, a lo que mis pezones respondieron endureciéndose como piedras. Volví a gemir. &lt;&lt;No pretenderá&#8230; ¡no! Esto es un error&gt;&gt;</p>
<p>Hacía círculos sobre mis pezones con su dedo. Fui incapaz de hacer nada, mientras mi cabeza me ordenaba que acabara con esto, mi zona genital me pedía más. Ella me puso boca arriba, tiró de mi y ahora estaba mirando al techo y con las piernas ligeramente separadas, estaba chorreando. Me di cuenta de que entraba bastante luz en la habitación y algo me impulsó a  mirarla. Era la chica más guapa que había visto nunca, esta mañana incluso parecía más guapa que anoche. Me miró a los ojos y se puso encima mía. “Todavía no he terminado contigo”. Aunque mi cabeza intentase decirme lo contrario, me moría de ganas por que me follara. Casi no podía recordar lo que había pasado la noche anterior, pero ya tendría tiempo de averiguarlo (en cuanto me tomase mi café matutino lo recordaría todo sin problemas) &lt;&lt;Ya lo he hecho una vez, ¿que hay de malo en repetirlo?&gt;&gt;</p>
<p>Ella me miraba a los ojos y me di cuenta de que realmente me gustaba. Esos ojos oscuros y esa expresión tan inocente y pícara a la vez. Con la mirada sostenida en mi, y apoyada en un solo brazo, comenzó a recorrer mi cuerpo con el brazo libre. No tardó en pararse en mi coño, lo acarició, primero suave y lentamente, para ir aumentando poco a poco el ritmo.</p>
<p>&lt;&lt;¡Fóllame!&gt;&gt; &lt;&lt;Pero&#8230; ¿qué estoy haciendo?&gt;&gt; Comencé a gemir como nunca lo había hecho. Sentí mi coño chorreando, sentía escalofríos por todo el cuerpo, era casi insoportable. Parecía que me corría una y otra vez y que  nunca se iba a terminar. De pronto me paré a pensar en la situación, la miré. Se balanceaba encima de mi mientras su dedo frotaba mi clítoris cada vez más rápido. Era como si hiciese flexiones encima de mi con una sola mano. Esta imagen hizo que me corriese.</p>
<p>Dejó su mano en mi coño y se echó encima de mi. Respiraba muy deprisa, parecía realmente cansada. Luego se echó a mi lado, todavía jadeando y sonrió. “¿Te lo has pasado bien?” &lt;&lt;Ha sido realmente increíble, no creí que nadie pudiese hacerme sentir tanto, y menos una chica&gt;&gt;</p>
<p style="text-align: justify;">No contesté y la besé.</p>
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		<title>La habitación II (final)</title>
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		<pubDate>Thu, 25 Mar 2010 06:00:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Kinyla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Erotismo]]></category>
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		<description><![CDATA[El gesto pareció tranquilizarla lo suficiente para dirigirse a su anfitrión, aceptar la copa y susurrar “Érato” provocando una sonrisa a su interlocutor.  Esa noche, la Luna ofrecía un enigmático reflejo en las copas. Las miradas se cruzaron mientras chocaban suavemente las copas. Mezcla de nervios, miedo, culpabilidad, temor&#8230; y deseo. Ella sorbió el champange [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">El gesto pareció tranquilizarla lo suficiente para dirigirse a su anfitrión, aceptar la copa y susurrar “Érato” provocando una sonrisa a su interlocutor.  Esa noche, la Luna ofrecía un enigmático reflejo en las copas.</p>
<p style="text-align: justify;">Las miradas se cruzaron mientras chocaban suavemente las copas. Mezcla de nervios, miedo, culpabilidad, temor&#8230; y deseo. Ella sorbió el champange lentamente apartándo la vista con cierto desaire. El apuró la mitad de la copa sin dejar de mirarla, la posó en la mesita de cristal y se acercó a ella, decidido.</p>
<p style="text-align: justify;">Le quitó suavemente la copa posándola al lado de la otra. La miró, la observó, tranquilamente ahora. El vestido azul la hacía parecer una musa, era realmente preciosa. Érato se acercó mirándole fijamente a su vez, se estaba volviendo a poner nervioso, sudaba, finalmente ella sonrió y con tono alegre le propuso que se diera una ducha para relajarse, a lo que él accedió sin darse cuenta que se trataba de una broma. <span id="more-820"></span>Se fue al baño de la suite, era amplio, con una ducha cerrada y un jacuzzi. Se miró en el espejo, ya no se parecía al chico dedicido de antes. Se desnudaba mientras hacía correr el agua de la ducha para que calentara. Colgó la ropa en el toallero y se metió dentro. Ella lo siguió con la mirada hasta el baño pensando en las posibles consecuencias de encontrarse en ese momento en esa habitación. Volvió a coger la copa para beber un pequeño sorbo mirando por la ventana. Se pasó el pulgar por la base del anular, un gesto inconsciente que la tranquilizaba al acariciar el anillo que no tenía en ese momento. Consecuencias. Ahora no era momento para preocuparse por ello, se encontraba a salvo por esta noche, no debía preocuparse, lo no hecho hecho está desde que cruzó la puerta. Se sirvió otra copa y se sentó intentando parecer despreocupada en uno de los sofás a que apareciera su cómplice.</p>
<p style="text-align: justify;">En unos minutos casi eternos él volvió del baño envuelto en un suave albornoz de algodón con las iniciales rojas escarlata del hotel bordadas en la solapa. Se habían relajado bastante pero la situación seguía siendo tensa para ambos. Ella le volvió a seguir con la mirada hasta que se sentó en otro de los sofás manteniendo cierta distancia con ella y mirándola con deseo y timidez. Érato se levantó suave, se dirigió a él mientras la miraba sentarse a su lado y le besó antes de decirse nada. Un beso lento, dulce, un beso para ser disfrutado sin prisas. Un beso para sellar palabras que no deben ser dichas. Poco a poco se<br />
acercaron el uno al otro, los labios se entreabrieron y las dulces e inocentes caricias en la cara fueron recorriendo más camino. La pasión fue creciento al tiempo que los sentimientos que les bloqueaban desaparecían.</p>
<p style="text-align: justify;">En un momento dado Érato se separó clavándole esa mirada felina ahora iluminada. Se levantó y caminó hacia las llaves de la luces provocadora, sabiendo que la miraba, que la deseaba. Apagó las luces. La habitación ahora estaba casi a oscuras, iluminada por las luces de la ciudad y el leve resplandor de la luna. Érato volvió con él y le llevó a la ventana. Se acercó y le susurró al oído &#8220;Esta noche seremos el uno del otro, pero olvidaremos todo al amanecer. Pero ahora estoy aquí, delante tuya&#8230;&#8221;, se alejó un poco para mirarle a los ojos y terminó con una sonrisa pícara al tiempo que le acariciaba desde el pecho a la espalda para quitarle el albornoz &#8220;si quieres seguir adelante tendrás que desnudarme pero cuida de no rozarme en el proceso&#8230;&#8221;. No lo pensó dos veces y la giró para ponerla de espaldas. Puso una mano en la cremallera del lateral del vestido y la otra rodeándola en la parte superior para poder bajarla facilmente, aprovechando para acariciarla y abrazarla por encima del vestido. Ese sencillo juego le estaba excitando y ella sonrió al comprobarlo. La luna ofrecía un brillo de suavidad a su piel que le costaba reprimir. Bajó completamente la cremallera y fue desnudándola poco a poco intentando no tocarla. El vestido se deslizó por su cuerpo hasta el suelo. Érato era un nombre que le venía a la perfección pensó. Se alejó un poco para contemplarla mientras ella giraba sobre sí misma para volverse cara a él. Aquel conjunto azul oscuro y negro no hacía sino resaltar las curvas ya de por sí deseosas de esa dama.</p>
<p style="text-align: justify;">Volvieron a acercarse en una fracción de segundo, acariciándose suavemente y besándose con pasión. Juntando ambos cuerpos, notar la calidez del contacto de las pieles desnudas. Lentamente él la fue llevando entre besos y caricias a la habitación. La cogió en brazos y la posó en la cama con delicadeza y lujuria. Se situó a su lado y sacó una rosa del cajón de la mesilla de noche. Ambos sonrieron mientras él se ponía la rosa en la boca y se tumbaba a su lado. El último juego de la noche daba comienzo. La acarició con los suaves pétalos por la mejilla, besando justo después la zona rozada. Bajando al contorno de la cara y subiendo a las orejas. Suavemente, sin tocarla más allá de la rosa y los labios, sin dejar que ella le tocara tampoco. Notando como aceleraba su respiración. Bajando de nuevo por el cuello, un pequeño pellizco con los dientes. La clavícula. Ese pequeño lunar que tiene justo debajo de la misma. Pasó la rosa por el medio de sus pechos mientras la miraba como se impacientaba pero no la besó, se dirigió a los labios y con un profundo beso lleno de deseo se abrazaron mientras él le quitaba el sujetador. Un pequeño escalofrío de pudor recorió la espalda de Érato. Haciendo caso omiso, él continuó con su juego, recorriendo el contorno de su pecho suavemente con la rosa y sus besos. Cada vez estaba más excitaba, le gustaba el juego pero la impacientaba, sin embargo no se atrevía a decir nada y eso la excitaba todavía más. El siguió bajando con la rosa por su vientre, por los laterales, besando, rozando, pellizcando, hasta llegar a los huesos de la cadera.</p>
<p style="text-align: justify;">Recorrió con los pétalos las costuras y bordados del delicado picardías. La miró de reojo y sonrió al ver la desesparción en esa mirada felina que parecía tan segura de sí misma anteriormente. Ella sabía lo que seguía después de la rosa, pero no fue así. Él se colocó la rosa en la boca, con suavidad y acariciándola al mismo tiempo le quitó el translúcido cullote dejándola totalmente desnuda. Volvió a acariciarla con la rosa desde los pies, acariciando y besándole las piernas. Subiendo lentamente. Cuando la excitación de Érato no pudo más, se incorporó de golpe, susurró un &#8220;te deseo&#8221; y tiró la rosa al suelo al tiempo que con rapidez y delicadeza intercambió la posición quedando ella encima, dando razón y confirmando el por qué de su mirada felina. Durante toda la noche no quedó rincón en el cuerpo de ambos que no fuera acariciado, besado, lamido o arañado. Ninguna palabra más fue dicha, ningún juego más planeado. Tan sólo fantasías cumplidas y culpabilidades desvanecidas por una sóla noche.</p>
<p style="text-align: justify;">A la mañana siguiente Érato se despertó sóla. En la almohada de su cómplice una rosa y un sobre con su nombre escrito. Se incorporó lentamente. Se vistió resignada. Recogió sus cosas. Y por último antes de abandonar la habitación cogió la rosa y el sobre. Se fue al ascensor, pidió al botones que le trajera el coche y miró el sobre. Sabía lo que había dentro. Lo abrió y aparte de lo esperado encontró una nota.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Sé que fue una noche y se olvidará cuando despiertes, pero espero que sea suficiente para que seas  mi musa&#8221;</p>
<p style="text-align: justify;">La hizo sonreir. Volvió a colocarse el anillo en el anular mirándolo con dulzura y subió al coche. Le esperaba un largo viaje.</p>
<p style="text-align: justify;">Esa noche en otra ciudad a cientos de kilómetros un hombre sobrio cenaba con su mujer, y una esposa fiel con su marido en un caro restaurante.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Cariño, ¿y tu anillo?&#8221;</p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Oh, vaya. Me lo debí dejar en el lavado del avión. Mañana iré a la joyería<br />
y encargaré un par. De todas formas la semana que viene haremos 10 años&#8221;</p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;10 años ya&#8230;&#8221; suspiró ella mirando su desgastado anillo.</p>
<p style="text-align: justify;">El hombre se dispuso a pedir la cuenta pero ella le paró.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Tranquilo amor, ya vas a pagar los anillos, déjame invitarme a la cena&#8221;</p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;¿Invitarme? ¿y de dónde has sacado el dinero?&#8221; le preguntó con cierta<br />
sonrisa.</p>
<p style="text-align: justify;">Con mirada cómplice respondió: &#8220;anoche un amigo me devolvió un dinero que le<br />
había prestado&#8221;</p>
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		<title>La habitación I</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Dec 2009 20:26:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Kinyla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Erotismo]]></category>
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		<description><![CDATA[La luz era ténue, la temperatura agradable, la decoración, una elegante mezcla entre lo minimalista y lo clásico, era una habitación amplia, como había pedido. Se adentró en ella, dejando la maleta en el taburete de la entrada, y paseó por la estancia, esquematizando donde pondría todo lo que necesitaba para pasar esa semana, otra [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">La luz era ténue, la temperatura agradable, la decoración, una elegante mezcla entre lo minimalista y lo clásico, era una habitación amplia, como había pedido. Se adentró en ella, dejando la maleta en el taburete de la entrada, y paseó por la estancia, esquematizando donde pondría todo lo que necesitaba para pasar esa semana, otra vez más, su secretaria había sabido elegir el sitio, una suite con una sala lo suficientemente amplia para las reuniones que tendría, espacio para la mercancía, conexión a internet por wifi, una mesa redonda en el centro, cómoda para trabajar&#8230; perfecta.<span id="more-817"></span>Dejó la chaqueta del traje en el colgador de la entrada y, aflojando la corbata, se dirigió a la cesta que estaba en el aparador del minibar, al lado una copa, una cubitera, y una botella de whisky con una nota, &#8220;Esperábamos su visita, deseamos que todo se encuentre de su agrado. No dude en llamarnos para cualquier duda&#8221;. Sonrió dulcemente con el detalle, desde luego su secretaria lo conocía bien. Se sirvió la copa al tiempo que llamaba a la recepción para agradecer el detalle, felicitar el servicio y reservar cena en el restaurante para esa noche. Se sentó comodamente en el sofá, relajándose del viaje y disfrutando del último momento de reláx que tendría esa semana.</p>
<p style="text-align: justify;">Despertarse a las 07:00. Ducharse. Bajar a desayunar a las 07:30. Aprovechar para leer el periódico, con calma, mientras le limpian la habitación. Subir a las 08:30. Terminar de arreglarse. Organizar todo para las reuniones consecutivas que se realizan a partir de las 10:00. Discutir con clientes y proveedores. Un cigarro. Una copa. Bajar al restaurante sobre las 14:30 durante una hora&#8230;  al no ser que tenga que invitar a comer a alguna reunión fracasada que haya que recapitular y aclarar, en ese caso la comida puede alargarse tranquilamente hasta las 17:00. Despedida forzada.  Vuelta a la habitación. Un sillón. Una mala película. Descansar un poco. Ir a cenar por la ciudad para despejarse. Cada vez le agota más este trabajo. Vuelta a la habitación. Repaso de las reuniones del día siguiente. Apagar la luz. Insomnio. Despertarse a las 07:00&#8230; Un largo día de agotadora rutina detrás de otro.</p>
<p style="text-align: justify;">Viernes. Último día. Cansancio acumulado y maldecires en cuanto suena el despertador. Comienza la rutina. Hoy, dos reuniones pendientes por la tarde habían fastidiado sus planes de dar una vuelta por los alrededores de la ciudad antes de la cena. Subió a la habitación, se cambió de ropa y se fue a cenar a un restaurante que le habían recomendado la noche anterior. Allí apareció ella, cuando estaba a punto de pagar la cuenta. Estaba de espaldas sentada en la barra hablando distendidamente con los que parecían sus amigos. La miró, la observó, esperando que se girara, pero fue interrumpido por el camarero y la cuenta. Con una propina más que suficiente le dijo que la invitara a una copa, el camarero sonriendo pícaramente le dijo que le costaría más de una copa conocerla. Entendiendo el mensaje, sacó un boli, escribió en una servilleta y le dió la improvisada nota al joven para que se la entregara a aquella dama. Acto seguido se levantó de la mesa y aguantando las ganas de verla, pasó a su lado saliendo del local sin voltearse a mirarla mientras guardaba la alianza en el bolsillo interior de la chaqueta con la culpabilidad de la premeditación.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Ahora en la habitación, se encontraba nervioso, inquieto, no paraba de moverse de un lado a otro por la sala de la suite. Se había dado una ducha intentando relajarse pero la hora se acercaba y cada vez estaba más ansioso. Volvió a mirarse en el espejo, se veía bien. Era alto, no muy atlético pero fuerte, los  ojos ovalados, marrones brillantes, el pelo suelto y la barba de un par de días junto con el traje le daba ese toque de chico malo elegante que las mujeres siempre le habían alabado. Se veía atractivo, no tenía de qué preocuparse se repetía continuamente, pero eso no le relajaba en absoluto. Decidió tomar un trago, fue justo en el momento en que comenzó a servirse cuando llamaron a la puerta sobresaltándole. Ahora sí que estaba realmente nervioso y temeroso al mismo tiempo. Sabía quien llamaba, aceleró el trago y respiró profundamente, se dirigió a la puerta sin paso firme. Necesitó que ella volviera a llamar para volver en sí y abrir la puerta. Era un poco más baja que él, con el pelo suelto en ligeras ondas, nunca había visto un negro tan luminoso y brillante, sin embargo fue el contraste que producía con sus ojos lo que le dejó paralizado. Eran grandes, rasgados, casi orientales, con un color miel exponenciante de ese toque felino que poseía su mirada. Al verla, tan sólo acertó a musitar un &#8220;hola&#8221;, tan tembloroso como se sentía él, mientras la invitaba a pasar con un ademán inseguro, mezcla de emoción y culpabilidad. Ella dudó unos segundos. Inspirando para obtener la fuerza y decisión que le faltaban, aceptó la invitación sin decir nada. Ambos quedaron quietos unos instantes, ella en la ventana fingiendo contemplar la vista y él en la puerta cerrada con la mano y la vista fijados en el pomo. El ambiente se volvió tenso. Se volteó para mirarla, el corazón le latía con fuerza, fue a preparar un par de copas de champange y se acercó a ella ofreciéndole una mientras le preguntaba el nombre. El gesto pareció tranquilizarla lo suficiente para dirigirse a su anfitrión, aceptar la copa y susurrar &#8220;Érato&#8221; provocando una sonrisa a su interlocutor.  Esa noche, la Luna ofrecía un enigmático reflejo en las copas&#8230;</p>
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		<title>Insomnio</title>
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		<pubDate>Sun, 13 Dec 2009 19:17:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Kinyla</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[degeneración]]></category>
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		<category><![CDATA[insomnio]]></category>
		<category><![CDATA[sin cura]]></category>

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		<description><![CDATA[Giró la llave de la cerradura y le dió un golpe seco a la puerta de metal para abrirla. El aire gélido y húmedo de la habitación le hizo estremecerse. Abrió la puerta completamente para permitir que entrara un mínimo de luz habituando los ojos a la ténue estancia. La encontró en una esquina, abrazada [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Giró la llave de la cerradura y le dió un golpe seco a la puerta de metal para abrirla. El aire gélido y húmedo de la habitación le hizo estremecerse. Abrió la puerta completamente para permitir que entrara un mínimo de luz habituando los ojos a la ténue estancia. <span id="more-800"></span>La encontró en una esquina, abrazada a sus rodillas, con la ropa gastada, el cabello desaliñado cubriéndole el rostro y balbuceando algo con un tono tan tembloroso como lo estaba ella. Se acercó despacio, intentando no resbalar con las goteras. Colocándose a una distancia prudencial, la observó un instante antes de agacharse para intentar despertar su curiosidad y poder crear así un contacto visual. Pero ella no respondió. Seguía abrazándose, clavándose las uñas en las piernas, repitiendo las mismas palabras una y otra vez. Llevaba ya demasiado tiempo en ese estado. Queriendo hablar sin una voz que la asista, queriendo suspirar con unos pulmones que no se llenaban, queriendo ver con unos ojos nublados, queriendo pensar con una mente abrumada por la situación, queriendo relajarse con un corazón bombeante de un pulso rápido y fuerte. Solamente quería descansar&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">Se sentó a su lado, suspiró intentando librarse del sentimiento de culpa y se avalanzó sobre ella clavándole la aguja en el cuello, lentamente introdujo la sustancia en su cuerpo y, en un instante, ella quedó casi inerte en sus brazos. Sabía que el pequeño alivio que le ofrecía no era suficiente, que realmente no valdría para evitar la inexorable destrucción de su mente, pero no podía dejarla ir sin haber intentado, vanamente, luchar por recuperar a su hermana mientras seguía investigando en una cura inexistente hasta que el arma cargada no le disparase a él.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><em>¿Curiosidad? <a title="Insomnio Letal Familiar" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Insomnio_familiar_fatal">ILF</a></em></p>
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		<title>Acantilado 2 (título provisional y que seguramente quede pues dudo que se me ocurra algo mejor)</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Oct 2009 20:49:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Kinyla</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[Acantilado]]></category>
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		<category><![CDATA[luna]]></category>
		<category><![CDATA[nostalgia]]></category>
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		<description><![CDATA[La noche era suave y la brisa fresca, cerró los ojos, levantando la cabeza, aspiró profundamente para que el aire limpio se filtrara en sus pulmones aliviando nimiamente la presión que llevaba sintiendo desde unas semanas atrás. Luego fue soltándolo lento, muy lento, pensando que así podría aguantar su alma con ella. Abrió los ojos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">La noche era suave y la brisa fresca, cerró los ojos, levantando la cabeza, aspiró profundamente para que el aire limpio se filtrara en sus pulmones aliviando nimiamente la presión que llevaba sintiendo desde unas semanas atrás. Luego fue soltándolo lento, muy lento, pensando que así podría aguantar su alma con ella.</p>
<p style="text-align: justify;"><span id="more-775"></span>Abrió los ojos con la misma lentitud mirando al cielo y la vió. Rodeada por un castillo imaginario de nubes que brillaban concéntricamente manteniéndola en lo alto. La Luna. Allí estaba de nuevo. Se sorprendió al volver a verla, a mirarla como lo había hecho tiempo atrás&#8230; Multitud de recuerdos atravesaron su mente fugazmente recordando en unos pocos segundos todo lo que pensaba olvidado y/o enterrado.</p>
<p style="text-align: justify;">Buenos, malos, agonizantes, desesperantes, alegres, felices, asustados, vergonzosos, aliviados, sensuales, inexpresables recuerdos, todo concentrado en un solo momento, todo concentrado en una ligera sonrisa nostálgica acariciada por la brisa de la noche.  Era curioso como todo y nada había cambiado en este intervalo de tiempo. Bajó la mirada y volvió a sonreír al ver a donde la había conducido sus pasos perdidos en la noche. Pudo sentir el olor del mar y el rocío del romper de las olas en su piel. La Luna, reflejada en el mar siempre le había parecido una de las más bellas y tranquilizadoras imágenes que Gaia podía ofrecer. Se encaminó al borde del acantilado y posando sus manos sobre la barandilla acariciándola sutilmente, se subió a la misma, volvió mirar a la Luna y sonrió burlonamente.</p>
<p style="text-align: justify;">Tantas veces se había subido a ella con dudas, inquietudes, miedos y arrepentimientos&#8230;. y ahora&#8230; el cielo se había despejado, la Luna la iluminaba cegadoramente y por primera vez se sintió realmente segura, tranquila como para decidir por sí misma hacía donde dejarse caer. De un salto volvió a tierra firme levantándose con una sonrisa al tiempo que se sacudía el vestido mecido por el viento.  Se irguió y girando la cabeza para dar un último vistazo atrás se dirigió a abrazar a quien la miraba cálidamente manteniéndola estable en sus cavilaciones e insomnios.</p>
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		<title>La Partida</title>
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		<pubDate>Sat, 08 Aug 2009 18:26:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Kinyla</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[despedida]]></category>
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		<description><![CDATA[Se situó delante de la puerta, su corazón latía acelerado y los nervios quebraban su pulso. Lentamente situó su mano en el picaporte de la puerta de la entrada. Suspiró cogiendo fuerzas para abrirla y poner el equipaje en la alfombra que decoraba el umbral. Dio un tembloroso y decidido paso y se situó en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Se situó delante de la puerta, su corazón latía acelerado y los nervios quebraban su pulso. Lentamente situó su mano en el picaporte de la puerta de la entrada. Suspiró cogiendo fuerzas para abrirla y poner el equipaje en la alfombra que decoraba el umbral. Dio un tembloroso y decidido paso y se situó en el marco de la puerta mirando como la tormenta inundaba y embarraba las calles, pensando si era algún tipo de vaticinio sobre la decisión que había tomado.</p>
<p><span id="more-712"></span>Bajó la mirada&#8230; sus maletas, fieles, estaban a su lado, como tantas otras veces en el pasado, sonrió al ver lo viejas y deshilachadas que estaban, parecían cansadas y alegsres de que esta fuera la última vez, como si sólo tuvieran fuerzas para un viaje más. El último. Giró hacía el interior de la casa para mirarla por última vez. Siempre estaba allí cuando volvía, daba igual cuanto tiempo pasara y cual fuera su aspecto. Ella estaría allí. Como había oído alguna vez, no tiene sentido viajar si no dispones de un lugar al que volver&#8230;</p>
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		<title>Joan, parte 2</title>
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		<pubDate>Thu, 21 May 2009 19:42:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Kinyla</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Tras unas cuantas partidas a diferentes juegos, Joan y su hermano fueron a cenar con sus padres. La velada transcurrió animada contando cada uno lo que había hecho durante el día Joan intentaba centrarse y contar pequeños detalles de clase y con las amigas sin que ello delatara la visita a la sex-shop. Seguía pensando [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tras unas cuantas partidas a diferentes juegos, Joan y su hermano fueron a cenar con sus padres. La velada transcurrió animada contando cada uno lo que había hecho durante el día Joan intentaba centrarse y contar pequeños detalles de clase y con las amigas sin que ello delatara la visita a la sex-shop. Seguía pensando en el paquete.<span id="more-572"></span></p>
<p>Acabó la cena, recogió la cocina, estubo con sus padres viendo un ratito la televisión y se fue a su cuarto a dormir con la intriga revolviéndole las entrañas. Se cambió sin prisa, haciendo tiempo hasta que todos estuvieran en sus cuartos dormidos, pasaron unos minutos y el silencio se hizo dueño de la casa, aprovechó entonces para abrir muy suavemente el cajón sin hacer ruído y cojer el paquete. Estaba envuelto en una bolsita de papel de embalar marrón con una cinta de esas prefabricadas con una pegatina &#8220;espero que te guste&#8221;, Joan se preguntó si era coincidencia o Marc había seleccionado esa en concreto, fuera como fuese le resultaba irónico. Nerviosa, se sentó en cama con la luz del flexo encendida y fue abriendo el paquete intentando no romper el papel. Dentro había una especie de cordón formando un lazo sujeto por una bolita como la que se usan en los cables de los auriculares, no sabía exactamente pero se sintió realmente decepcionada. No sabía exactamente lo que podría haberle regalado pero un lazo, un lazo&#8230; un cordel más bien, no era para nada lo que se imaginaba. Intentó buscar algo en el cartón que traía anunciando el lazo pero era todo azul con el nombre de la marca en grande, nada más. Realmente estaba desilusionada, pensaba que por un momento podría haber sido algo interesante pero tan sólo le tomaron el pelo, suerte que no le había dicho nada a Álex y las demás chicas evitando así las burlas. Pensó en buscar información en el ordenador de casa, pero era muy arriesgado, estaba en el salón y si cualquiera se levantaba al baño o a por un vaso de agua la verían, además el padre tenía un filtro paterno con lo que la pillarían inevitablemente, suspiró, guardó todo como estaba y metió el paquete en la cartera para tirarlo en algún contenedor al día siguiente.</p>
<p>Por  la mañana se levantó, miró con desinterés la cartera y se preparó para ir a clase. Tiró el paquete por el camino, antes de encontrarse con sus compañeras. El tema de conversación durante todo el día con sus amigas había sido la &#8220;excursión&#8221; en la tienda del sex-shop, una y otra vez le hacían las mismas preguntas con diferentes matices. Aquello ya la aburría de sobremanera, por suerte en unos días se olvidarían y estarían hablando de nuevo de chicos y de moda. Y así fue, Álex volvió a ser el centro y las demás sus compañeras, Joan volvía a ser una más, volvía a sentirse cómoda.</p>
<p>También ella se olvidó del tema hasta unas semanas después, un sábado por la tarde en la que paseaba con sus amigas volvieron a pasar por delante del sex-shop, ella se detubo un momento pero sus amigas tiraron de ella sin percatarse siquiera del motivo por el que se había parado. Siguió adelante con ellas volviendo a recordar el lazo del paquete que el chico de la tienda le había dado. Durante los días siguientes se preguntaba qué era ese lazo, por qué estaba en una sex-shop, cuál sería su uso&#8230; el sexo no era algo que le interesara especialmente aunque tampoco le era desconocido, asistió a las charlas en clase, el médico le habló de las ETS y su forma de transmitirlas, incluso se había masturbado alguna vez, pero el sexo en sí carecía de interés realmente para ella, no le resultaba tan excitante como lo daban a enteder, lo mismo que las relaciones con los chicos. Joan no hacía diferencia a la hora de tratar con unos u otras. Para ella estaba la gente interesante que le causaba curiosidad y la que no, y con el resto del mundo lo mismo, si algo no le resultaba interesante lo hacía sin emoción, por seguir el juego preestablecido al que nunca se opondría.</p>
<p><a class="a2a_dd addtoany_share_save" href="http://www.addtoany.com/share_save?linkurl=http%3A%2F%2Fwww.kinyla.es%2F2009%2F05%2F21%2Fjoan-parte-2%2F&amp;linkname=Joan%2C%20parte%202"><img src="http://www.kinyla.es/wp-content/plugins/add-to-any/share_save_171_16.png" width="171" height="16" alt="Share/Bookmark"/></a> </p>]]></content:encoded>
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		<title>Joan, parte 1</title>
		<link>http://www.kinyla.es/2009/05/18/joan-parte-1/</link>
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		<pubDate>Mon, 18 May 2009 21:32:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Kinyla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Erotismo]]></category>
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		<description><![CDATA[Tras las amenazas e insistencias de Juancho y alguno más he decidido publicar esto que he escrito hace unos días aunque no esté acabada&#8230; Espero que os guste. Un Saludo! ^^ JOAN Se dirigía con sus compañeras a la parada del bus que la llevaría de nuevo a casa entre risas nerviosas y cuchicheos de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><em>Tras las amenazas e insistencias de Juancho y alguno más he decidido publicar esto que he escrito hace unos días aunque no esté acabada</em>&#8230; <em>Espero que os guste.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Un Saludo! ^^</em></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>JOAN</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Se dirigía con sus compañeras a la parada del bus que la llevaría de nuevo a casa entre risas nerviosas y cuchicheos de adolescentes. Una de sus compañeras, Álex, las convenció para cambiar la ruta habitual y así pasar por el bar donde trabajaba su novio para poder saludarle. Álex siempre había sido la más atrevida y osada del grupo, así mismo era la más bella y la que atraía las miradas de los chicos en muchas ocasiones sin pretenderlo aunque su desparpajo, su osadía y su rebeldía siempre la delataban, pero era una gran amiga con unos principios muy firmes y a los que siempre les era fiel.</p>
<p style="text-align: justify;"><span id="more-539"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Así pues la siguieron por el camino que ella iba marcando parándose en todos los escaparates. En una de estas se fijaron en una tienda con el escaparate tintado y un aviso en la puerta &#8220;Sólo mayores de edad&#8221;. Las chicas quedaron algo asombradas al verlo y la curiosidad empezó a hacerse con ellas. Al final decidieron que una de ellas entrara para mirar lo que había y que se lo contara a las otras, pero ninguna llegaba al límite de edad exigido salvo Joan, quien daría el pego totalmente. A Joan le faltaban dos semanas para la mayoría de edad aunque su rostro de niña no parecía darle credibilidad sí lo hacía su cuerpo, tenía el cuerpo de una auténtica mujercita ya formada completamente, pero su carácter tímido e introvertido no la hacían destacar, todo ello la convertían en una muchacha realmente ingenua sin maldad niguna, lo contrario de lo que ocurría con Álex.</p>
<p style="text-align: justify;">Tras negarse insistentemente Joan acabó cediendo a la presión de sus compañeras como era costumbre en ella desde parvulario, nunca tubo un carácter fuerte y su inseguridad la impedían hacer frente en estas situaciones por mucho que ella deseara que la dejaran en paz. Así que con apariencia decidida cruzó la calle y se dirigió a la puerta de la tienda, intentó abrirla pero estaba cerrada, miró alrededor y vio un interfono con el cartel &#8220;Llame para entrar&#8221;. Así que pulsó el botón un par de veces, sin respuesta, volvió a pulsarlo, esperó un poco y aliviada se disponía a marchar cuando la puerta se abrió, miró para sus amigas que la animaban a entrar, suspiró con desaprobación y entró. Todo estaba oscuro, la luz era realmente tenue por lo que tardó un tiempo en adaptar los ojos a la oscuridad.</p>
<p style="text-align: justify;">- Creo que no deberías estar aquí niña &#8211; le inquirió una voz tranquila y firme.</p>
<p style="text-align: justify;">- N&#8230;No se equivoque, ya soy mayor de edad.</p>
<p style="text-align: justify;">- ¿Ah sí? Jajaja, cualquiera lo diría&#8230; ¿Y qué has venido a buscar a un sitio como este? Porque dudo que sea para un trabajo de clase&#8230; &#8211; le preguntó inquisidoramente mirándole el uniforme.</p>
<p style="text-align: justify;">Joan por fin se acostumbró a la luz y miró la voz que le hablaba, era un chico mayor, de unos veinte y tanto, quizá veintiocho, vestido con una camiseta deportiva, muy informal, con el pelo algo largo para un chico, una sonrisa pícara y unos ojos que no alcanzaba a contemplar totalmente.</p>
<p style="text-align: justify;">- He&#8230; visto el escaparate y me ha llamado la atención&#8230; yo&#8230; sólo quería saber&#8230; &#8211; respondió Joan bajando la mirada tímidamente y dirigiéndose a la puerta, no había cumplido el propósito pero estaba nerviosa y quería irse, realmente los extraños la asustaban aumentando su inseguridad y su timidez.</p>
<p style="text-align: justify;">El chico salió del mostrador y se dirigió hacía ella, le pasó el brazo por la espalda sujetándola suavemente del hombro y le dijo sonriendo:</p>
<p style="text-align: justify;">- No te preocupes, seguramente tus amigas te habrán obligado a entrar así que necesitarás prueba de que has cumplido tu misión &#8211; y guiñándole un ojo prosiguió &#8211; no te preocupes, te enseñaré esto y te daré una prueba, quien sabe, igual el día de mañana alguna amiga tuya se anima, nunca se sabe donde hay un cliente jajaja. Mi madre tuvo la mala idea de llamarme Marcelino, pero puedes llamarme Marc. ¿Cúal es tu nombre?</p>
<p style="text-align: justify;">- Jo&#8230; Joan.</p>
<p style="text-align: justify;">- De acuerdo Joan, te enseñaré esto&#8230; &#8211; y abriendo una puerta con la mano libre le mostró otra habitación.</p>
<p style="text-align: justify;">La luz en este cuarto era azul a diferencia de la roja de la recepción, estaba llena de estanterías por todas partes, había una escalera al fondo y algunas mesas con cajas expuestas por el centro. Joan no podía ver bien de qué se trataba y forzaba la vista, Marc, dándose cuenta del detalle la soltó y le dijo que podía mirar sin problemas y que escogiera aquello que quería llevarse como prueba para sus amigas. Joan se fue acercando a la estantería más próxima y saltó para atrás al ver de lo que se trataba. Marc, rió con gracia el gesto.</p>
<p style="text-align: justify;">- Jajajaja, no me digas que nunca habías visto uno &#8211; Joan bajó la mirada al suelo &#8211; Se trata de un consolador, aunque viendo el que te has parado a mirar es normal que te asustaras, es la talla más grande que tenemos jajajaj. ¿Sabes lo que es un consolador al menos, no?</p>
<p style="text-align: justify;">- Ehh&#8230; Ssi&#8230; he oído cosas en la televisión y en la radio &#8211; Joan estaba realmente nerviosa y decidió acabar cuanto antes &#8211; Marc&#8230; dime lo que puedo llevarme&#8230; tengo que volver con mis compañeras o perderé el autobús a casa&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">- Jajjaa, ya veo. No te preocupes&#8230; mm&#8230; Joan ¿no?, elige lo que quieras que no sea muy caro claro jaja.</p>
<p style="text-align: justify;">- Me da igual &#8211; respondió Joan abrumada todavía &#8211; Me llevaré cualquier cosa.</p>
<p style="text-align: justify;">- De acuerdo&#8230; vuelve conmigo a la recepción, creo que allí tengo algo adecuado para ti &#8211; y sonriéndola la invitó a volver a cruzar la puerta.</p>
<p style="text-align: justify;">Joan se quedó tras el mostrador mirando al suelo mientras Marc miraba desde arriba lo expuesto en el mismo, cogió algo pequeño, lo envolvió y se lo dió. &#8220;Aquí tienes&#8230; Joan&#8230; si alguna vez necesitas algo ven a verme, pero cuando realmente cumplas la mayoría de edad&#8230; esto es un sex-shop por lo que no quiero tener que avisar a tus padres la próxima ¿de acuerdo?&#8221; y entregándole el paquete se despidió de ella. Joan quedó cegada al volver a la brillante luz de la calle y fue caminando por la acera lentamente hasta que sus ojos se acostumbraron, sus amigas aparecieron increpándola con preguntas que respondía sin ganas y con vergüenza de camino a la parada del bus, había tardado más de lo esperado en la tienda por lo que finalmente no pudieron ir a visitar al novio de Álex. Se subieron al bus y cuchicheaban entre ellas muy bajito para que no las oyeran, excepto Joan, que permanecía sentada con la mirada fija en la cartera que mantenía sobre las rodillas preguntándose por el contenido del paquete, el paquete del que las otras no sabían nada.</p>
<p style="text-align: justify;">Al llegar a casa actuaba forzadamente como siempre para evitar cualquier tipo de preguntas por parte de sus padres, si se enteraban de donde estuvo esa tarde el castigo sería eterno. Dejó los zapatos en la entrada y las llaves de casa, se fue directa a su habitación a cambiarse de ropa y dejar la cartera debajo del escritorio, se fue a la cocina a prepararse algo para merendar y se puso a ver alguna telenovela con su madre&#8230; si se encerraba en su cuarto podrían sospechar, y al no tener llave entrarían en cualquier momento y aunque no sabía qué podía haber en el paquete, no quería arriesgarse, tendría que esperar a la noche cuando todos estuvieran dormidos para averiguarlo. Las horas no le daban pasado, se pasó la tarde haciendo las tareas y los trabajos de la preparatoria de la selectividad pero no pudo concentrarse, miraba de reojo el cajón donde había guardado el paquetito, todavía eran las 6 de la tarde&#8230; Cansada decidió ir al cuarto de su hermano y proponerle echar unas partidas en la consola, así podría distraerse al menos hasta la hora de la cena.</p>
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		<title>Venganza</title>
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		<pubDate>Sat, 02 May 2009 16:15:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Kinyla</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Relatos]]></category>
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		<category><![CDATA[puñalada]]></category>
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		<description><![CDATA[Holas de nuevo, sé que hace mucho que no he publicado nada, pero las últimas semanas mi vida ha requerido más tiempo del normal y bueno, las cosas poco a poco, de momento publicaré este relato. Aviso, si no os gustó lo de Eva, no leais este. Un Saludo y gracias por seguir ahí (o [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><em>Holas de nuevo, sé que hace mucho que no he publicado nada, pero las últimas semanas mi vida ha requerido más tiempo del normal y bueno, las cosas poco a poco, de momento publicaré este relato. Aviso, si no os gustó lo de Eva, no leais este.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Un Saludo y gracias por seguir ahí (o eso espero), os agradecería que comentárais o me dieráis vuestra opinión sobre lo que escribo y sobre cómo lo escribo <img src='http://www.kinyla.es/wp-includes/images/smilies/icon_wink.gif' alt=';)' class='wp-smiley' /><br />
</em></p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Se acercó a la cama de la derecha, donde reposaba plácidamente la causa de su desdicha, ya no tendría que volver a pasar por lo mismo, ya no tendría miedo a la noche, al silencio, a los pasos en la madera del pasillo, al crujir de la puerta&#8230; ni al aliento del dolor en su cara. Bajó la mirada a la mano que sujetaba el cuchillo y el brillo que le proporcionaba la Luna le pareció la única cosa bella que había en su mundo.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Este relato puede herir sensibilidades, asegúrate antes de continuar leyendo.</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span id="more-493"></span> Todavía tenía el camisón pegado a su piel por el sudor de unas horas atrás, todavía le temblaban las piernas por lo sucedido y las lágrimas bañaban sus ojos. Se daba asco a sí misma. Durante mucho tiempo se sintió culpable por lo que ocurría, se convenció de que era ella quien lo buscaba y se engañaba a sí misma diciendo que estaba bien pero no podía seguir con aquella coraza hipócrita, no estaba bien, no estaba bien todo aquello, la había destrozado, había eliminado cualquier posibilidad de felicidad en su vida para siempre. Ya no podría ser la misma nunca, ya no reía, ya no se alegraba, ya no se enfadaba, ya no sentía&#8230; estaba vacía, ya no tenía alma. Tan sólo la venganza conseguía acelerarle el corazón, y para eso estaba allí al lado de su cama, para volver a sentir, para recuperar el alma que le había sido robada poco a poco durante los últimos 4 años cada noche. Había soñado y fantaseado mucho con este momento, cómo actuaría, qué haría, cómo se sentiría, cómo le mataría y el gusto a libertad en la boca la embriagaba.</p>
<p>Primero le cortaría la garganta lo suficiente para que no pudiera gritar y evitar ser sorprendida por el compañero de cuarto que dormía a escasos 2 metros. De esa manera tendría el tiempo suficiente para hacerle sufrir tanto como él lo había hecho con ella. Se acercó al cabecero, sonrió levemente y agarrándole por el pelo para dejar la garganta al descubierto le pasó el cuchillo justo cuando se despertó, sentía como el cuchillo se deslizaba sin problemas por la carne de su agresor y le miró a los ojos sonriendo para ponerse sería un segundo después. No era quien ella buscaba.</p>
<p style="text-align: justify;">Se detuvo un momento dirigió su mirada a la otra cama y volvió los ojos a la mirada de súplica de su víctima&#8230; se quedó mirándo cómo se le iba la vida durante unos segundos&#8230; y sonrió, se agachó sobre él y le dijo &#8220;no eras tú a quien tenía que matar pero deberías haber estado durmiendo en tu cama&#8230; no es nada personal pero me entendré contigo&#8221; y tras esto le quitó las mantas y se sentó a horjacadas sobre él. El chico estaba perdiendo sangre muy deprisa y la temperatura descendía, el cansancio se apoderaba de su cuerpo y no oponía resistencia. Ella se le quedó mirando sonriendo viendo como la almohada y la cama se encharcaban con la sangre, no podía dejar de sonreir viendole. Rasgó la camiseta con la que dormía y le vió el pecho desnudo. Definitivamente no era él el cupable pero puso el cuchillo justo debajo del esternón y fue presionando poco a poco mientras miraba a su víctima, cuanto más se deslizaba el cuchillo por el interior de su vícitma más contenta se sentía, no podía parar de sonreír. Despues de la primera vinieron 12 más seguidas por otras tantas&#8230; tan solo paró cuando todo ápice de vida se fue de la mirada del cadáver&#8230; y ella&#8230; se sentía viva&#8230; se quedó unos minutos encima del cadaver hasta que su pulso volvió a la normalidad, miró para el lado, su verdadera víctima todavía dormida a pesar de todo, había hecho bien en cortar la garganta primero y evitar así los gritos que alertarían a los demás. Se levantó y se dirigió a la cama de la izquierda&#8230; ahora sí tendría toda la noche por delante para llevar a cabo su venganza, ahora sabía que la muerte la devolvía a la vida y tan sóla la idea de vengarse poco a poco y lentamente con aquel hombre la volvía casi eufórica, como una niña con un juguete nuevo. Tan sólo lamentaba que le fuera a durar una sóla noche&#8230; pero esa pena no la haría disfrutar menos.</p>
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