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Joan, parte 1

18 May

Tras las amenazas e insistencias de Juancho y alguno más he decidido publicar esto que he escrito hace unos días aunque no esté acabadaEspero que os guste.

Un Saludo! ^^

JOAN

Se dirigía con sus compañeras a la parada del bus que la llevaría de nuevo a casa entre risas nerviosas y cuchicheos de adolescentes. Una de sus compañeras, Álex, las convenció para cambiar la ruta habitual y así pasar por el bar donde trabajaba su novio para poder saludarle. Álex siempre había sido la más atrevida y osada del grupo, así mismo era la más bella y la que atraía las miradas de los chicos en muchas ocasiones sin pretenderlo aunque su desparpajo, su osadía y su rebeldía siempre la delataban, pero era una gran amiga con unos principios muy firmes y a los que siempre les era fiel.

Así pues la siguieron por el camino que ella iba marcando parándose en todos los escaparates. En una de estas se fijaron en una tienda con el escaparate tintado y un aviso en la puerta “Sólo mayores de edad”. Las chicas quedaron algo asombradas al verlo y la curiosidad empezó a hacerse con ellas. Al final decidieron que una de ellas entrara para mirar lo que había y que se lo contara a las otras, pero ninguna llegaba al límite de edad exigido salvo Joan, quien daría el pego totalmente. A Joan le faltaban dos semanas para la mayoría de edad aunque su rostro de niña no parecía darle credibilidad sí lo hacía su cuerpo, tenía el cuerpo de una auténtica mujercita ya formada completamente, pero su carácter tímido e introvertido no la hacían destacar, todo ello la convertían en una muchacha realmente ingenua sin maldad niguna, lo contrario de lo que ocurría con Álex.

Tras negarse insistentemente Joan acabó cediendo a la presión de sus compañeras como era costumbre en ella desde parvulario, nunca tubo un carácter fuerte y su inseguridad la impedían hacer frente en estas situaciones por mucho que ella deseara que la dejaran en paz. Así que con apariencia decidida cruzó la calle y se dirigió a la puerta de la tienda, intentó abrirla pero estaba cerrada, miró alrededor y vio un interfono con el cartel “Llame para entrar”. Así que pulsó el botón un par de veces, sin respuesta, volvió a pulsarlo, esperó un poco y aliviada se disponía a marchar cuando la puerta se abrió, miró para sus amigas que la animaban a entrar, suspiró con desaprobación y entró. Todo estaba oscuro, la luz era realmente tenue por lo que tardó un tiempo en adaptar los ojos a la oscuridad.

- Creo que no deberías estar aquí niña – le inquirió una voz tranquila y firme.

- N…No se equivoque, ya soy mayor de edad.

- ¿Ah sí? Jajaja, cualquiera lo diría… ¿Y qué has venido a buscar a un sitio como este? Porque dudo que sea para un trabajo de clase… – le preguntó inquisidoramente mirándole el uniforme.

Joan por fin se acostumbró a la luz y miró la voz que le hablaba, era un chico mayor, de unos veinte y tanto, quizá veintiocho, vestido con una camiseta deportiva, muy informal, con el pelo algo largo para un chico, una sonrisa pícara y unos ojos que no alcanzaba a contemplar totalmente.

- He… visto el escaparate y me ha llamado la atención… yo… sólo quería saber… – respondió Joan bajando la mirada tímidamente y dirigiéndose a la puerta, no había cumplido el propósito pero estaba nerviosa y quería irse, realmente los extraños la asustaban aumentando su inseguridad y su timidez.

El chico salió del mostrador y se dirigió hacía ella, le pasó el brazo por la espalda sujetándola suavemente del hombro y le dijo sonriendo:

- No te preocupes, seguramente tus amigas te habrán obligado a entrar así que necesitarás prueba de que has cumplido tu misión – y guiñándole un ojo prosiguió – no te preocupes, te enseñaré esto y te daré una prueba, quien sabe, igual el día de mañana alguna amiga tuya se anima, nunca se sabe donde hay un cliente jajaja. Mi madre tuvo la mala idea de llamarme Marcelino, pero puedes llamarme Marc. ¿Cúal es tu nombre?

- Jo… Joan.

- De acuerdo Joan, te enseñaré esto… – y abriendo una puerta con la mano libre le mostró otra habitación.

La luz en este cuarto era azul a diferencia de la roja de la recepción, estaba llena de estanterías por todas partes, había una escalera al fondo y algunas mesas con cajas expuestas por el centro. Joan no podía ver bien de qué se trataba y forzaba la vista, Marc, dándose cuenta del detalle la soltó y le dijo que podía mirar sin problemas y que escogiera aquello que quería llevarse como prueba para sus amigas. Joan se fue acercando a la estantería más próxima y saltó para atrás al ver de lo que se trataba. Marc, rió con gracia el gesto.

- Jajajaja, no me digas que nunca habías visto uno – Joan bajó la mirada al suelo – Se trata de un consolador, aunque viendo el que te has parado a mirar es normal que te asustaras, es la talla más grande que tenemos jajajaj. ¿Sabes lo que es un consolador al menos, no?

- Ehh… Ssi… he oído cosas en la televisión y en la radio – Joan estaba realmente nerviosa y decidió acabar cuanto antes – Marc… dime lo que puedo llevarme… tengo que volver con mis compañeras o perderé el autobús a casa…

- Jajjaa, ya veo. No te preocupes… mm… Joan ¿no?, elige lo que quieras que no sea muy caro claro jaja.

- Me da igual – respondió Joan abrumada todavía – Me llevaré cualquier cosa.

- De acuerdo… vuelve conmigo a la recepción, creo que allí tengo algo adecuado para ti – y sonriéndola la invitó a volver a cruzar la puerta.

Joan se quedó tras el mostrador mirando al suelo mientras Marc miraba desde arriba lo expuesto en el mismo, cogió algo pequeño, lo envolvió y se lo dió. “Aquí tienes… Joan… si alguna vez necesitas algo ven a verme, pero cuando realmente cumplas la mayoría de edad… esto es un sex-shop por lo que no quiero tener que avisar a tus padres la próxima ¿de acuerdo?” y entregándole el paquete se despidió de ella. Joan quedó cegada al volver a la brillante luz de la calle y fue caminando por la acera lentamente hasta que sus ojos se acostumbraron, sus amigas aparecieron increpándola con preguntas que respondía sin ganas y con vergüenza de camino a la parada del bus, había tardado más de lo esperado en la tienda por lo que finalmente no pudieron ir a visitar al novio de Álex. Se subieron al bus y cuchicheaban entre ellas muy bajito para que no las oyeran, excepto Joan, que permanecía sentada con la mirada fija en la cartera que mantenía sobre las rodillas preguntándose por el contenido del paquete, el paquete del que las otras no sabían nada.

Al llegar a casa actuaba forzadamente como siempre para evitar cualquier tipo de preguntas por parte de sus padres, si se enteraban de donde estuvo esa tarde el castigo sería eterno. Dejó los zapatos en la entrada y las llaves de casa, se fue directa a su habitación a cambiarse de ropa y dejar la cartera debajo del escritorio, se fue a la cocina a prepararse algo para merendar y se puso a ver alguna telenovela con su madre… si se encerraba en su cuarto podrían sospechar, y al no tener llave entrarían en cualquier momento y aunque no sabía qué podía haber en el paquete, no quería arriesgarse, tendría que esperar a la noche cuando todos estuvieran dormidos para averiguarlo. Las horas no le daban pasado, se pasó la tarde haciendo las tareas y los trabajos de la preparatoria de la selectividad pero no pudo concentrarse, miraba de reojo el cajón donde había guardado el paquetito, todavía eran las 6 de la tarde… Cansada decidió ir al cuarto de su hermano y proponerle echar unas partidas en la consola, así podría distraerse al menos hasta la hora de la cena.

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  1. Juancho

    19 Mayo 2009 at 09:51

    Jejejeje no me imaginaba que sería una tienda de ese estilo…

    Aunque… ¿qué puñetas contiene el paquete? La recopilación de cuentos de Edgar Allan Poe seguro que no… pero me ha quedado la duda… ;)

    Un besote!

     
  2. johpunk

    19 Mayo 2009 at 23:05

    aja y que tiene el paquete? >.< y por cierto bonito nombre para la chica eh! ¬¬ cof cof x’D

     
  3. Kinyla

    21 Mayo 2009 at 12:08

    Johpunk, tu avatar me inspiró xDDD

    Juancho, ya subo en unos días la segunda parte ;)

     
 
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