Y bien, aquí está por fin la cuarta parte de la historia.
Disculpad la tardanza pero he estado liada con algunas cosas y no he tenido tanto tiempo como me gustaría, al día le faltan horas :S, de todas maneras, tengo muchas expectativas en esta historia y he estado haciendo los esbozos de los siguientes capítulos, no está siendo tan improvisada como los anteriores relatos, con esta… no sé, tiene algo especial para mi, al menos así lo siento cuando me pongo a escribirla, espero que para vosotros también tenga ese matíz único que siento yo
Un Saludo y gracias por la espera, intentaré llevar mejor el ritmo a partir de ahora. Gracias
El Comienzo del Viaje
Viajaron por el bosque hasta que el caballo comenzó a mostrar signos de cansancio lo que provocó que relajaran el ritmo y buscaran un sitio seguro para descansar y recuperar fuerzas. Aselgard frenó el caballo cerca de un pequeño claro, inspeccionó el lugar con la mirada y tras unos minutos bajó del caballo. “Esperad aquí un momento por favor” le dijo a Eylin para dirigirse después al centro del claro, volver a inspeccionar alrededor hasta convencerse de la seguridad, entonces volvió a donde estaba la amazona, cogió las riendas y llevó a ambos al claro, ayudó a bajar a la joven, le quitó el peso y los atrezos al caballo y dejó que este marchara libremente.
-Se os escapará si no le atais – le advirtió Eylin.
-Cuando le llamé vendrá, no os preocupeis. Prepararé todo para pasar aquí esta noche, no es aconsejable caminar en la oscuridad sin Luna que ilumine.
Eylin quedó mirando como el caballo se alejaba tranquilamente pensando en cómo él estaba tan seguro de que volvería si era tan sólo un animal, aunque tras los acontecimientos anteriores… tampoco podía fiarse de sus propios vecinos ¿por qué se fiaba entonces de ese extraño? Realmente no se fiaba de él ni de la promesa que hizo pero si quería averiguar su pasado tenía que seguirle la corriente, además si Aselgard quisiera hacerle daño podría haberlo hecho en la gruta y no fue así, contradiciendo a su sentido común Eylin se sentía segura a su lado a pesar de todo. Mientras ella estaba absorta en sus pensamientos, Aselgard fue preparando todo para pasar allí la noche, dispuso unas piedras en círculo para una pequeña fogata y le pidió a Eylin que buscara algunas ramas para hacer fuego mientras colocaba el trípode y demás utensilios para preparar algo caliente para cenar, Eylin salió de sus pensamientos y sin adentrarse mucho en los bosques se dedicó a cojer ramitas mientras miraba de reojo a Aselgard con curiosidad y recelo, estaba decidida a obtener respuestas y lo haría durante la cena, si era cierto todo lo que Aselgard le dijo no tomaría represalias en contra de ella y si lo hacía le haría frente, gracias a las clases que le dio su madre Eylin se convirtió en una experta con la espada por lo que no tenía miedo y confiaba en ella misma. En cuanto Eylin regresó con la leña Aselgard encendió la fogata, dejó que el caldero cogiera algo de temperatura y vertió el agua de una de las cantimploras, poco después echó los ingredientes de la sopa que cenarían esa noche. Eylin se sentó frente al fuego recordando la manera en la que había despertado y pensando en los acontecimientos que han hecho que su vida cambiara totalmente a lo largo de un sólo día, ¿había tomado la decisión correcta realmente? No lo sabía, pero ahora no podía echarse atrás si quería encontrar las respuestas a esas preguntas que nunca se planteara hasta ahora.
Aselgard sirvió un poco de sopa en un cuenco e inclinándose sobre el fuego extendió el brazo ofreciendole la cena a la dama, quien pudo ver las sombras provocadas por la luz de la hoguera en la cara de Aselgard, pero con la capucha le seguía siendo imposible imaginarse como sería su rostro. Llena de curiosidad aceptó el cuenco y comenzó a comer una vez se hubo servido su acompañante, fue tras la quinta cucharada cuando no pudo reprimirse y con voz decida nombró al caballero con la intención de recriminarle que siguiera con la capucha puesta pero este le respondió mirándola directamente con el verde de sus ojos y en ese instante que sus miradas volvieron a cruzarse Eylin se vió en medio de una gran gruta, o más bien como un gran agujero en la tierra en donde desembocaba un riachuelo formando una alta cascada y la nieve iba poco a poco cubriendo el suelo. Ella se encontraba de pié en el medio de la laguna que formaba la catarata tiritando de miedo y frío. Intentaba recordar cómo había llegado allí hasta que la sacó de sus pensamientos un rugido cada vez más próximo y al que no conseguía ubicar con exactitud, al poco una gran sombra apareció en una de las paredes de la gruta. Llena de miedo cogió la primera piedra que encontró para no sentirse tan indefensa e impotente pero el miedo la hizo soltarla en cuanto vió al puma, este se dedicó a andar en círculos alrededor de ella rugiendo de vez en cuando, observándola, estudiándola… debían de separarles escasos diez metros. Eylin empezó a retroceder sin dejar de mirarle sabiendo que el puma se disponia a cojer carrerilla para saltar sobre ella y fue entonces en el momento que el puma arrancó el ataque cuando un hombre apareció de espaldas a la dama interponiéndose en el ataque del felino, mientras desenvainaba la espada para enfrentarse al puma la miró de reojo, los mismos ojos verdes de Aselgard… Eylin volvió en si, sacudió la cabeza y le preguntó a Aselgard desde cuando se conocían.

Yoyo
19 Marzo 2009 at 18:44
Me gusta como va transcurriendo todo, creo que podria hacerse un simil con el slogan del Campofrío, mejor dia a dia ^^
Por cierto, una duda que me corroe, ¿y el sexo, cuando llega? xDDDD
kev
19 Mayo 2009 at 17:13
espero q el puma regrese! u.u
Luna Llena, parte 3 “La decisión” | La Libreta de Kinyla
5 Mayo 2010 at 05:23
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