Y me quedé quieta mirando a los ojos a Silvia y de reojo a quien la apuntaba, me ordenó dejar el cuchillo en el suelo y así lo hice, en cuanto me incorporé sentí un puñetazo en la cara y debí perder el conocimiento puesto que lo siguiente que recuerdo es encontrarme atada y amordazada en el salón con Silvia y los dos tíos hablando entre ellos frente a nosotras, mirándonos de reojo de vez en cuando.
Este relato puede herir sensibilidades, continúa leyendo bajo tu propia responsabilidad.
Uno de ellos se acercó a nosotras y nos acarició la cara a ambas con una extraña dulzura mientras nos advertía que fuéramos buenas chicas y no intentáramos ninguna estupidez, que lo que estaba pasando realmente no tenía que ver con nosotras y no teníamos porqué salir mal paradas. Sus palabras sonaban entre paternalistas y jocosas. Se marchó de la habitación dejándonos bajo la vigilancia del otro y comenzamos a escuchar como revolvía los cajones por toda la casa, debía estar buscando algo concreto porque no se paraba mucho. Entonces el otro, el corpulento se encaminó a nosotras, su sola mirada me daba náuseas. Se agachó frente a nosotras apoyando sus manazas en nuestras rodillas, nunca me alegré tanto de llevar vaqueros y supongo por eso mismo que solamente me acariciaba mientras que la mano que acariciaba a Silvia fue bajando con la intención de llevarla por debajo de la falda larga que se había puesto ese día. Me quedé quieta mientras Silvia estaba petrificada, con todo el cuerpo en tensión y sin saber qué hacer, en el momento que vi que efectivamente empezó a subir la mano por debajo de la falda me incorporé de repente y le di una patada en toda la cara tumbándolo al suelo, mientras intentaba quitarme la morzada con las manos atadas seguí golpeándole y dándole patadas en la cabeza hasta que el tío me cogió de la pierna en la que sostenía mi cuerpo y tiró con fuerza haciendo que cayera con la espalda contra el suelo, rapidamente se puso encima mío cogió la pistola que guardaba a la espalda y me la puso en el cuello inmovilizándome.
- Te crees muy dura y valiente niña… la verdad es que me gusta mucho más tu amiga, pero creo que tendré que enseñarte modales - acto seguido me levantó cogiendome por el pelo y me asestó un rodillado en el estómago.
El dolor era insoportable pero más me dolía la frustación y la impotencia obligada. Gritó a su compañero que trajera una cuerda a prueba de tigresas y me sentó en una silla atándome las manos a la espalda y las piernas a las patas de la misma. Desconsolada y con rabia miraba a Silvia, seguía petrificada, igual era un estado de shock me supongo, normalmente es la primera que sale a defender a alguien cuando salimos por ahí los sábados y sin embargo… estaba quieta, con la mirada llena de terror y ganas de salir corriendo pero dudo que el cuerpo siquiera le respondiese a nada. Mientras, el que trajo la cuerda dijo que no encontraba por ninguna parte lo que estaría buscando e hizo una llamada, muy corta, “Aquí no está (….) sólo las chicas (….) de acuerdo”, y colgó volviéndose a mirarnos.
- Ha dicho que nos desagamos de ellas y volvamos.
-Entonces podremos divertirnos un poco antes ¿no? el final será el mismo de todas formas, mejor pasarlo bien (carcajada sonora).
Las palabras que se cruzaron me sentarón como millones de cuchillos con hojas afiladas y frías recorriendome por todo el cuerpo, y por la mirada desesperada que me hizo Silvia… ella sentía lo mismo.

Yoyo
10 Febrero 2009 at 17:13
La cosa se va poniendo interesante y aumente la tensión, no tardes en subir la parte 3 ^^
Jose
15 Febrero 2009 at 20:17
¿Llegará hasta donde se supone que lleva el camino? Continúe usted leyendo.