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Nylah y Álex

14 Dic

Este fue originalmente publicado en el foro de Planet-Rute, ya desaparecido. No tengo mucho más que decir al respecto.

El viento intentó tranquilizara meciéndola suavemente pero de nada valió, temblaba demasiado como para darse cuenta de como la brisa mecía la delicada tela de su vestido. Sentía como el frío le erizaba la piel pero permanecía en la terraza de la azotea con el chal en la mano. Evadida del entorno. Centrada en sus pensamientos y las circuntancias que la habían llevado allí. Se inclinó sobre la baranda de piedra y contempló las diminutas figuritas que se movían iluminadas por las farolas de las calles y los focos de los coches; en la ciudad debía haber tanta actividad de día como de noche, multitud de vidas entrelazadas entre si, multitud de personas centradas en su propia vida, ajenas a que todas y cada una de ellas estaban conectadas, interfiriendo unas con otras con cada gesto, cada detalle, cada decisión por trivial que pareciese.

Le extrañó no verla hablando distendidamente con los demás invitados como solía hacer en este tipo de eventos, especialmente siendo la anfitriona. La estuvo buscando por toda la sala de baile en vano, miró en el resto de estancias del ático pero obtuvo la misma respuesta por lo que decidió cumplir con su obligación y atender a los invitados de la ceremonia hasta que ella volviera. Se decantó por acercarse a uno de los miembros claves en la operación que tanto éxito les había traido y cuyo resultado estaban celebrando, además de ser un viejo amigo. Estuvieron charlando largo rato hasta que un reflejo por el rabillo del ojo llamó su atención, volvió la cabeza y allí estaba, ni el diamante más brillante podría comparárse al resplandor que hacía emanar de ella la luz de la Luna mientras el viento ondeaba su vestido y su pelo con un sinuoso vaivén melancólico. No podía dejar de mirarla. Pidió disculpas a su interlocutor y se fue esquivando invitados hasta la puerta acristalada del balcón.

-Ni se te ocurra tirarte dejándome a mi sólo con estas fieras. – Le saludó mientras le guiñaba el ojo – Al menos, no te tires antes que yo. – Dijo riéndo suavemente

Ella levantó la vista a la Luna y giró lentamente la cabeza hacia su mano observando como el chal bailaba al son del viento. Suspiró profundamente.

-Álex, ¿crees realmente que debemos celebrarlo? yo… ya no estoy tan segura de si ha sido buena idea lo que hemos hecho. No creo que la gente esté preparada todavía. Por muy liberales y de mentes abiertas que se consideren o den a entender, en el fondo la gente siempre le tendrá miedo a todo aquello que es diferente. Vamos a tener muchos retractores, y una parte de ellos tendrán razón en sus acusaciones – el brillo de una lágrima resplandeció mientras acariciaba su cara hasta estrellarse contra su mano, se volvió hacia él mirándole a los ojos, estaba preciosa con ese aura de tristeza tan poco frecuente en ella.

-No lo sé Nylah, no lo sé – respondió con la voz tenue.

Cerró las puertas para acallar el ruído y la música de la fiesta y se dirigió a su socia. La tomó suavemente de la mano y ambos se volvieron hacia la ciudad.

-¿Recuerdas cuando empezamos en esto? El primer paso lo dimos al desgüazar el coche de tu tía en la aldea, nunca olvidaré la cara que puso de asombro y furia cuando nos vió llenos hasta las cejas de grasa y aceite – rió fuertemente – todavía me lo recuerda hoy de vez en cuando, menuda armamos.

Nylah esbozó una sonrisa de añoranza.

-Lo que pretendo decirte princesa, es que llevamos esto en la sangre, en nuestros genes, siempre hemos sido así y no hemos podido evitarlo. Por ello mismo hemos recibido críticas y desdén toda nuestra vida. Pero míranos ahora, estamos en lo más alto. Hemos logrado algo con lo que el hombre ni siquiera ha soñado todavía. ¿No crees que es para brindar al menos? – Nylah le miró sin mirarle – Ya sé que lo ocurrido te afectó mucho, no has vuelto a ser la misma desde el accidente, pero sin embargo, eso nos ha dado la idea para dejarlo todo e involucrarnos en algo realmente importante y útil. Se acabaron los proyectos triviales con el tiempo impuesto, los fondos excasos y las exigencias de milagros.

-Lo sé Álex, lo sé… Sé que a pesar de lo que diga la gente, a pesar de las críticas muchos estarán de acuerdo y solamente es el miedo lo que les mueve a rechazar la idea. Sé que le hemos devuelto la vida a ese hombre pero… ¿hasta qué punto? Ya no volverá a ser el mismo Álex. (Suspiro) De todas maneras lo que más me preocupa es lo que podrán llegar a hacer con esta tecnología que hemos diseñado, nos están lloviendo propuestas, contratos, filiales, socios inversores por todas partes sin todavía haber visto nada, pero la mayoría son parte del ejército de uno u otro país… ¿entiendes lo que quiero decir? Si el ejército consigue esto y lo amolda a sus asquerosos interéses bélicos será terrible, y mantenerlos alejados… tremendamente difícil. Por ello no sé hasta que punto podemos darnos palmadas en la espalda.

-Nena, yo te las doy en la espalda y en donde quieras – respondió con una sonrisa socarrona y guiñandole el ojo para quitarle importancia al asunto. – ¿Qué te parece si lo discutimos mañana y esta noche simplemente nos embriagamos con el néctar de los dioses, eh? Vamos a marcarnos un baile, despejar la cabeza y ya nos preocuparemos mañana de todo eso.

Nylah miró a Álex con esa mirada que dice: no es lo correcto pero tienes razón, agarró la mano que le tendió hacia la fiesta y volvieron entrar al tumulto cumpliendo con todas las obligaciones de los buenos anfitriones.

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